El trato

Por Carmen Mateos


Relato publicado en número 4 de la revista LA FRAGUA, abril de 2014.

"La noche del aguacero,
dime dónde te metiste
que no te mojaste el pelo."


Llovía a océanos, pero ni siquiera eso impidió que Rafael saliera aquella tarde de casa como un relámpago, con el último bocado del almuerzo aún en la boca.

— Juana, me voy ya p'al pueblo.
— ¿Con lo que está cayendo, chiquillo?  No vayas hoy, hombre, que me da miedo...mañana mejor.
— Que no, no te preocupes, mujer. Volveré antes del anochecer.

Juana no sabía nada, pero desde hacía dos semanas, era algo más que sus quehaceres cotidianos lo que movía a su esposo a ir al pueblo.

Mientras aparejaba la yegua, Rafael no podía

Camarón y yo


Por Alex O'Dogherty


Yo tenía quince años. Iba al instituto y ya empezaba a hacer teatro allí mismo.

Creo que era primavera. Todas las tardes me quedaba por allí para jugar a baloncesto, ensayar algo en el salón de actos o tontear con las chavalitas.
 
Aquella tarde el salón estaba ocupado porque había unas jornadas de flamenco.
Yo no era muy aficionado al flamenco y, como teatro no podía haber por las jornadas y chavalitas no había, me fui al patio a jugar.

77 Seguiriyas de muerte



Emprincipiando habría que decir que la vida, de repente, con muy poquita cosa te da una alegría. A mí me pasó cuando, por casualidad y sin esperarlo, me encontró un librito en la Calle de la Feria de Sevilla. Las Setenta y siete seguiriyas de muerte me llegaron hondo. Después de haber leído varias compilaciones y joyeros de coplas flamencas, nada como este breve libro para poner luz sobre lo grande de estos cantes y de este arte.

Su autor, José Luis Ortiz Nuevo, es autor polémico. Ya lo sabemos. Y en este ensayo, además de compilar las coplas más desgarradas, apunta su estudio sobre la procedencia de las seguiriyas tal y como las conocemos hoy día. Que en contraposición a la creencia de que derivan de las tonás, argumenta su origen en la seguidilla castellana, calificándola de “madre generosa del folklore hispano”.

Pero entiendo que esta forma de polemizar, del maestro Ortiz Nuevo, proviene de la necesidad de que la verdad aflore, no desde los indicios sino desde las pruebas y los hechos contrastados. Pruebas y hechos de lo que fue y ha venido siendo el flamenco en sus distintas vertientes. Siempre apoyado en la emoción que provoca una expresión cultural y vital que conmueve, pero desde la objetividad y el conocimiento cabal de la realidad flamenca.

Hay que apuntar que el autor, aparte de ser testigo y partícipe directo del flamenco contemporáneo, ha realizado una labor infatigable de investigación, arrojando su tarea luz a los vacíos turbios de la memoria del arte jondo. Ya nos advierte en el comienzo de la introducción a las Setenta y siete seguiriyas de muerte:

“No se escandalicen pero deberán saber que la flamencología es ciencia mayor de conjeturas. Las fuentes de su conocimiento beben por lo común de aguas contaminadas en veneros donde fluye la suposición y desbordantes corren los inventos en delirio de pura fantasía. Lo uniquito seguro es la grandeza de la música. Estética fundamental de la tristeza y también de la alegría. Herencia meridional, caliente y viva al sur de Sierra Morena.
Lo que sabemos tiene más naturaleza de creencia que de idea. Y la ignorancia suele disfrazarse con los fatuos ropajes del duende o del misterio o de la magia”

Desde los años sesenta del pasado siglo y hasta bien entrada la última década del mismo, el concepto de “razón incorpórea” junto con el siempre escurridizo “duende”, en gran medida eran los que daban cimiento y racionalización, base lógica “científica” y sentido a gran parte de la explicación del nacimiento, evolución y desarrollo del flamenco. Surgen en contraposición voces que pretenden llenar estas carencias y lagunas. Es Ortiz Nuevo una de ellas, que con su obra intenta, como decía antes, esclarecer el inabarcable hecho flamenco.

De todas formas hay que señalar, como apunta Manuel Ríos Ruiz, que en la seguiriya se culminan o se descalabran todas las voces; por ser cante difícil, de melismas sutiles y requerir buenas dotes físicas y un conocimiento profundo del mismo. También Ríos Ruiz, en su imprescindible Diccionario Enciclopédico del Flamenco, escrito en colaboración con José Blas Vega, describe efectivamente la seguiriya como “…un cante dramático, fuerte, sombrío y desolador, que está considerado en su condición de básico como uno de los estilos más exponentes de la esencia jonda del cante flamenco. Las letras de sus coplas son tristes, sentimentales y reflejan la tragedia humana, sus sufrimientos y dolores en relación con los eternos temas del amor, la vida y la muerte.”

En las Setenta y siete seguiriyas de muerte se confirma el aguijón certero de estas coplas. Ortiz Nuevo nos indica que son setenta y siete llamaradas que hablan de lo mismo. Y que hablan para ser cantadas, porque hasta que el pueblo no las canta, las coplas, coplas no son, como rimaba en sus cuartetas Manuel Machado. Por ello, en el mismo orden en que aparecen en el libro y sin querer ser exhaustivo, estas seguiriyas fueron cantadas por Pepe el de la Matrona, Tía Anica la Periñaca, Silverio Franconeti, Tío José el de Paula, Frasco el Colorao, Calixto Sánchez, Enrique Morente, José el de la Tomasa, Parrilla el Viejo, El Fillo, Manolo Caracol, Manuel Torre, Gómez de Jerez, Antonio Cuevas El Piki, Manuel Gerena, Juan Varea, Antonio Fernández Díaz Fosforito, El Loco Mateo, Fernando Mairena Porrito, Sernita, El Borrico de Jerez, Pepe Pinto, El Gloria, Antonio Mairena, Pericón de Cádiz, Aurelio Sellés, Perico Cantarote, Tomás el Nitri, Cayetano Muriel,…

También tiene un apéndice final, que Ortiz Nuevo denomina como “la mar de raro” en el que se incluye un texto denominado “Variantes de una Seguidilla Gitana”, de Antonio Machado y Álvarez Demófilo, muy interesante de leer, por el valioso aval que supone quien lo escribe y por ser un artículo inédito que se reedita ciento y pico de años después de su publicación en prensa.
Es por tanto este un librito gigante, fuente de inspiración. Si tenéis ocasión, por favor, dedicadle un rato. Se lee a la velocidad de una saeta. Su poso queda para siempre.

Antonio Jiménez Cuenca


José Luis Ortiz Nuevo, Archidona (Málaga), 1948, es poeta, escritor y actor. Entre 1975 y 1987 recopiló por escrito a partir de las voces originales las memorias de Pepe el de la Matrona, Pericón de CádizTío Gregorio Borrico de JerezEnrique el Cojo y Tía Anica la Periñaca. En 1980, funda con otros aficionados la Bienal de Flamenco de Sevilla, en la que comienza a desarrollar su faceta teatral: Los últimos de la fiestaCantando la pena, la pena se olvida; Sevilla: concierto flamenco a su memoria, o la obra Por dos letras, basada en las memorias de Pericón de Cádiz. En hemerotecas de Sevilla y La Habana, Ortiz Nuevo ha recopilado datos históricos sobre los orígenes del flamenco, parcialmente recogidos en su libro ¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del arte flamenco en la prensa sevillana del XIX (1990). Tiene una amplia bibliografía, siendo autor de libros, trabajos de investigación y obras escénicas relacionados con el flamenco. 

Camarón de La Isla por Félix Grande

Semblanza de Camarón por Felix Grande publicada en el número 238 de la revista Litoral titulado "La poesía del flamenco" en diciembre de 2004.
 
Óleo sobre madera de José Olivares

"Tenía toda la angustia del esqueleto del flamenco y todo el esplendor creador de una criatura de genio. Fue flamenco en cuanto que jamás se separó de las raices, y fue a la vez artista en cuanto que supo convertir cada vieja ley en una nueva aventura de la libertad. Aprendió desde niño, se diría que desde antes de nacer, la deontología del artista trágico: el coraje para conversar con la desgracia. Sus cantes son un recorrido por el territorio de la desventura. Incluso de sus cantes festeros resbala un hilillo de sangre. Era un desesperado que no desconoció jamás que en "las últimas habitaciones de la sangre" (*) se hallaba una belleza incandescente. Su pena era de fuego, su voz triste ardía, su congoja quemaba. Pocas veces la condición humana ha tenido un artista tan exacto como Camarón de La Isla."

(*) Federico García Lorca
 

Joaquín de Sola

El "Principio" de su andadura flamenca


Entrevista de Domingo Cárdeno a Joaquín de Sola, ambos socios de honor de nuestra asociación, publicada en el número 4 de la revista LA FRAGUA, abril de 2014.

Joaquín de Sola Mey nace en Cádiz en 1987 en el barrio del mercado central, donde transcurre su niñez jugando entre la plaza de Las Flores, la calle Libertad, los Callejones de Cardoso o la plaza de La Cruz Verde.

Es en este barrio donde se aficiona a la música, ya que es una de las zonas por excelencia de las coplas de carnaval que cada febrero los gaditanos derrochan con espontánea gratuidad por sus calles y plazas. Siendo aún niño, con tan sólo nueve o diez años, tuvo la primera tentativa carnavalesca que se truncó porque eran mayores para él y más sosos que “ojú” –nos dice Joaquín– y fue más tarde, ya de adolescente, cuando quiso formar parte de una comparsa en la que no lo admitieron, terminando aquí su interés por cantar en carnaval.

El señor Silverio ha vuelto



“¡Es Silverio!, ¡El señor Silverio ha vuelto!”. Los gritos se propagaban por el barrio de La Viña como el susurro del poniente en la madrugada. Como si fuese una consigna, la frase pasaba de la boca de este al oído de aquel repitiéndose una y otra vez hasta que ni los propios intermediarios sabían muy bien a qué se estaban refiriendo, ni quien era aquel señor Silverio que tanta excitación producía. De haberse podido seguir el curso del rumor a contracorriente, se habría llegado hasta una vieja gitana que, tras oír cantar aquella siguiriya, que hoy es historia, a aquel forastero de quien todos habían estado haciendo burla hasta unos instantes antes, no pudo evitar exclamar entre lágrimas de emoción y alzando las manos: “¡Es Silverio!, ¡El señor Silverio ha vuelto!”.

De flamenco y revolución

Artículo de Berto García publicado en el número 3 de la revista LA FRAGUA, octubre de 2013.


Debía tener unos diecisiete años cuando vi al Cabrero actuar en la Plaza de la Revolución de Sevilla. Era un 28 de febrero (Día de Andalucía) de 1993 y compartía cartel con el grupo de punk rock Reincidentes. Era la primera vez que veía a un cantaor de flamenco moverse como pez en el agua (o como cabra en el monte) en un ambiente que, a primeras, nada tiene que ver con el mundo del flamenco. Allí había una multitud emocionada y en perfecta armonía, crestas de colores, imperdibles, perros, abuelos y abuelas, niños y niñas, señores con bigote…, y, decorando ese buen ambiente, podían verse banderas anarquistas ondeadas al son del flamenco más revolucionario que jamás oí.