María Borrico

María Fernández nació en 1830 en La Isla, en esa Isla de salinas, donde se trabajaba a destajo y donde los borricos, con sus serones cargados de sal, eran guiados por los hormiguillas (1) desde los cristalizadores  hasta  las pirámides. Estos borricos, tanto en las salinas como en las huertas o en las norias, realizaban las tareas más duras de la época.


Fue en esa Isla donde María empezó a dejarse oír. A María le gustaban los cantes hondos, los de hombres. Su voz ronca le ayudaba. Debió ser uno de esos momentos en los que se atrevió con uno de esos cante hondos… ¿quién sabe cuál?, quizás una seguiriya del Fillo, cuando alguien, al escucharla, probablemente comentase: “Esta mujer parece un borrico, puede con to.” Puede que esta fuese la causa de que pasara a la historia como María Borrico.

Hoy día se pueden escuchar cantes como: “Seguiriya de cambio de María Borrico” o “Liviana, serrana y cambio de María Borrico”. Pero ¿qué quiere decir eso del cambio de María Borrico? El cambio es una modificación que se hace al final de una tanda de algún cante, en este caso tras una tanda de seguiriyas. Se dice que ella renovó la seguiriya del Fillo, discípulo este de Perico Planeta, y que posteriormente, según la mayoría de los autores, el cambio de María fue divulgado por Silverio Franconetti.

Algunos autores consideran que la seguiriya cambiá de María Borrico es una especie de transición entre el viejo estilo de cantar las seguiriyas y el moderno. Es más, con este cambio, se remata todavía el cante por serranas, livianas y seguiriyas.
Una de sus seguiriyas cambiá, también llamada seguiriya cabal o simplemente, cabales, se conserva aún entre los repertorios flamencos de hoy día:

“Dice mi compañera
que no la quiero,
cuando la miro, la miro a la cara,
yo er sentío pierdo."

Aunque originalmente se cantaban al final, como remate de una serie de seguiriyas, y así se hace a menudo en las actuaciones en directo, en las grabaciones pueden encontrarse sueltas, al principio, o en series de varias cabales.

Fue la hermana mayor del Viejo de La Isla, al que dedicaremos la próxima entrada de esta sección. En el último cuarto del siglo XIX cantó en los cafés cantantes de Madrid. No he logrado determinar la fecha de su muerte, pero su cambio, el cambio de María Borrico, aún sigue vivo.

Juan Silva


Bibliografía:
ÁLVAREZ CABALLERO, Ángel. El cante flamenco. Alianza Editorial. Madrid, 2004.
GRANDE, Félix. Memoria del flamenco. Alianza Editorial. Madrid, 1999.
ALEU ZUAZO, Salvador. Flamencos de La Isla en el recuerdo. Isleña de Prensa. San Fernando, 1991.
Gran Enciclopedia de Andalucía. Tomo V , Editorial Anel, 1979.
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(1) Chiquillos que guiaban los borricos cargados de sal. Había un peón que era el vaciador que vaciaba las cargas porque ellos no podían. Pero su tarea era arrear al borrico y que cogiera para un lado o para otro.